Es cierto: Don Porfirio Muñoz Ledo le ha ganado dos encuestas a Mario Delgado y en  justicia debería ser declarado presidente de Morena. La cuestión es que la convocatoria estableció que si dos o más aspirantes quedaban empatados por décimas,  se haría una nueva encuesta y es lo que está  pasando.

Claro que eso lo sabe Porfirio. No  puede  argumentar demencia senil, cuando todo mundo sabe que a sus 87 años goza de salud mental. En el fondo pareciera que no quiere  ir a una tercera encuesta porque el riesgo de perder es real. Además, sabe que en una competencia en la que los militantes  decidan,  Mario Delgado lo avasallaría, porque la cargada está con él. Para don Porfirio no hay mejor alternativa que llegar a la dirigencia de Morena mediante una encuesta.

El resultado de esta segunda encuesta sirvió para mostrar lo peor de don Porfirio y de Mario Delgado. Los dos se exhiben como sicarios, como vulgares ambiciosos, diría AMLO. Exhiben su apetito de poder  y   se descalifican entre sí. De paso usan la imagen de  AMLO para acusar a su adversario de que quiere el poder para atacar y debilitar a AMLO. Ambos se equivocan: el peor enemigo del Presidente es él mismo, con las mentiras y ocurrencias que dice todos días y que son tema de conversación mundial por ser un personaje tan torpe y tan ignorante, que  ya rebasó, y con mucho, a Enrique Peña Nieto.

Morena nació formalmente hace  seis años –por cierto, se ven ridículos los que en cada elección presumen ser “fundadores” del partido, expresión que sería válida su hubiese surgido hace 40 años o más—y en este corto lapso de tiempo se transformó en una copia fiel y ampliada del PRD, donde los pleitos internos son de toda la vida y  lo llevaron a convertirse en un membrete que para mantenerse vivo necesita aliarse con otros partidos.

Para crecer Morena abrió sus puertas a personajes de toda clase de partidos, incluyendo a Manuel Bartlett, el autor del fraude a la izquierda en 1988, pero cuyo delito le perdonó López Obrador porque entonces era  priista.

Con  todo y las rabietas de don Porfirio no tiene otra alternativa que  participar en una tercera encuesta y esperemos que ahora sí sea  definitiva y se  acepte el resultado, sin  importar que equivalga a menos de una décima. Así se gana en una democracia.

Dos neolaredenses que en  hace un par de décadas trataron a Muñoz Ledo son los exparmistas Bruno Álvarez Valdez y Jesús González Bastién. Lo conocieron en el proceso presidencial 1987-1988. En el proceso 1999-2000, Bruno volvió a tratarlo cuando declinó ser candidato presidencial del PARM a cambio de que Porfirio  fuera el abanderado, quien a media campaña  renunció para sumarse a Vicente Fox.  Desde entonces, la  opinión que Bruno Álvarez tiene de Porfirio no es nada  buena.

Hombre brillante, sin duda, pero vanidoso y soberbio, también, este don Porfirio, el de las rabietas.