Gastón Monge/2055

 

La indiferencia, la opacidad, y sobre todo la terquedad con la que el presidente Andrés Manuel López Obrador  ha manejado la crisis económica provocada por al COVID-19 en nuestro país, ha dejado una clara estela de incertidumbre entre los mexicanos, así como mucha frustración entre el sector empresarial, debido a un comportamiento errático del primer mandatario de la Nación en el manejo de la crisis.

Son muchos los problemas que han resurgido con la actual pandemia de salud, los que si bien ya existían, vinieron a recrudecerse gracias a la terca e irracional actitud de un presidente que se comporta no como un mandatario, sino como un mesías que cree que todo será resuelto con solo mover su varita mágica.

Así, la crisis de salud que afecta a todo el país y que era del conocimiento de AMLO, pudo haberla resuelto pronto, pero la dejó crecer culpando a todos, incluso a médicos y empresarios, de ser los responsables del faltante de medicamentos, insumos y equipo médico en los hospitales del país.

En vez de buscar soluciones siempre buscó culpables, los que nunca encontró o no quiso encontrarlos por no convenir a sus intereses de partido, personales o políticos, por lo que la crisis de salud le estalló en las manos y ahora no sabe qué hacer, pero vuelve a culpar a todos de su ineficiencia en el manejo de esta crisis.

Primero culpó a los médicos, luego hizo responsables a los empresarios, para posteriormente dirigir sus dardos a los gobernadores de oposición, y es ahí en donde ya no supo qué hacer, cuando uno de los gobernadores, el de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, y el líder del líder de la Junta de Coordinación Política en el Congreso local, Gerardo Peña, le reclamaron el no querer resolver los problemas ocasionados por el COVID-19, que ya afecta a médicos, enfermeras ya  la población en general.

Y es que el asunto de la salud pública lo ha politizado a tal grado el gobierno federal, que no solo le reclama al mandatario tamaulipeco el que haya actuado antes que él para amortiguar los efectos sanitarios y económicos de esta pandemia, al solicitar un crédito de 4 mil 500 millones de pesos para diluir esos efectos y dar alivio a médicos y enfermeras tamaulipecos  que luchan de manera incansable para salvar vidas y dar alivio a cientos de enfermos en la entidad.

Gerardo Peña con el sustento debido, hace eco de la postura de Cabeza de Vaca, y le hace ver al presidente López Obrador su errático proceder, el que a capa y espada defiende el senador tamaulipeco, Américo Villarreal, quien pese a ser médico de profesión, no quiere entender que la salud es un derecho universal de los tamaulipecos, y en vez de ponerse su bata de médico, se puso la capa política , y sin argumentos sólidos criticó al mandatario estatal, y de paso a médicos y enfermeras, acrecentando aún más la crisis de salud que vive nuestro Estado en particular.

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Pero si el asunto de la salud se le salió de las manos al presidente López Obrador, la crisis económica y sus efectos al corto y mediano plazo amenazan con salirse de control, toda vez que AMLO se ha negado a brindarles el apoyo que necesitan los miles de empresarios y comerciantes que se encuentran casi en la bancarrota debido al cierre de sus negocios y empresas, a la falta de liquidez para pagar los servicios básicos, a que no tienen capital suficiente para pagar las cuotas patronales al Imss y los impuestos obligados al SAT, así como los salarios a sus empleados y los pagos a la CFE.

Esta crisis convertida ya desde hace rato en desaceleración, amenaza con convertirse para el segundo semestre del año en una seria recesión económica que dejaría a miles de personas sin empleo, miles de empresas cerradas por falta de liquidez, una inflación súper galopante, y a un país sumido en la ignominia de un presidente terco que se niega a reconocer su incapacidad para gobernar.

No entiende AMLO que los empresarios son generadores de empleos y de impuestos, de inversiones que mantienen el equilibrio en el país. Son sí, generadores de riqueza, pero de una riqueza que si fuera bien manejada por el gobierno federal, este país no estaría en el hoyo en el que se encuentra, y que conste que ello no se debe nada más a la crisis provocada por el COVID-19.

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Una crisis más que no ha sabido manejar de manera adecuada el presidente López Obrador es la del fenómeno migratorio. Resulta que luego de mandar a su Guardia Nacional a cerrar la frontera sur a los migrantes centroamericanos, a los que golpean, encierran, humillan y amenazan, el COVID-19 sacó a relucir toda una gama de corrupción y malos manejos al interior de Instituto Nacional de Migración, cuyos agentes actúan más como carabineros que como apoyo a estos migrantes.

La crisis migratoria también se le salió de las manos a López Obrador, y el COVID-19 solo sirvió para que vicios, corrupción, y todo tipo de anomalías hayan surgido a la vista de todos, porque tanto en la frontera norte como en la frontera sur, el confinamiento insalubre, las pésimas condiciones de alimentación, el maltrato y sobre todo, la falta de atención médica y de materiales para protegerse de esta enfermedad, ha provocado que decenas de migrantes se hayan contagiado del coronavirus.

Por ello es justo el reclamo del gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca a la federación, de que se haga cago en la medida de las responsabilidades que le corresponden al presidente López Obrador, de velar por la seguridad y la integridad de estas personas que por múltiples razones tienen que salir de sus países y de sus lugares de origen en México.

Dice el gobernador que en la frontera de Tamaulipas hay 13 mil migrantes refugiados en diversos albergues, insuficientes y ya no aptos para que estén en esos lugares porque se están contagiando de la enfermedad. Tan solo en Nuevo Laredo son ya 7 los enfermos, y ante la indiferencia del gobierno federal, serán más si no llega pronto el apoyo para regresarlos con dignidad a sus lugares y países de origen.

Desde mediados de marzo cientos de migrantes se encuentran confinados y atrapados en los pésimos e insalubres centros de detención de migrantes con que cuenta el Instituto Nacional de Migración, los que temerosos de ser contagiados y ‘asesinados’ por la enfermedad, claman porque se les ayude para retornar a sus países de origen y a sus comunidades en México.

Sobra citar las rebeliones de migrantes en Tijuana, Matamoros, Tapachula y Tenosique, en donde debido a los justos reclamos de los migrantes, fueron golpeados y negados de ser ayudados medicamente, ya que no se les ha dotado de cubrebocas ni de antibacteriales; están a la deriva de un contagio masivo, todo porque el gobierno federal se niega a prestarles ese apoyo, sin tomar en cuenta que esos lugares del INM pueden ser ya focos de infección masiva.

El COVID-19  ya enfermó a 134 personas en Tamaulipas y fallecieron 5, tres de Nuevo Laredo, y todo porque el gobierno federal politiza los apoyos y le trata de cerrar las puertas al gobernador, quien actúa con mesura ante este delicado asunto que amenaza no solo a Tamaulipas sino a todo el país.

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Ante este panorama tan desolador y tan lleno de crisis que ya existían sí, pero que pudieron o pueden aún ser solucionadas con un poco de voluntad política del gobierno federal, el presidente, AMLO, debe entender que son tiempos de hacer alianzas con los gobernadores sin importar colores ni partidos, con los empresarios, sin que los vea como enemigos de México, y con la sociedad civil organizada sin distingos de preferencias políticas o partidistas.

Son tiempos de unidad y de solidaridad de todos los mexicanos, verdes, rojos, amarillos, azules o del color que sean para sacar al país de estas crisis que amenazan con acrecentar aún más ese ejército de pobres y de miserables que sobreviven en un país inmensamente rico.

Pero el presidente López Obrador también debe entender que son tiempos de hacer a un lado las politiquerías, y darle el paso a la inteligencia, al razonamiento, a la intelectualidad, al raciocinio, a todos aquellos hombres y mujeres que con su pensamiento y capacidades intelectuales, pueden darle un nuevo rumbo al país.

Son los intelectuales, los pensadores, muchos de ellos olvidados por los anteriores regímenes políticos, y ninguneados por el actual régimen de la mal llamada 4-T, a quienes el presidente López Obrador ha olvidado y segregado a las bibliotecas y las universidades.

Son ellos quienes pueden salvar al país con el apoyo del gobierno federal, pero lejos de apoyarlos, se les confina de manera peyorativa como simples escribientes y no como pensadores ‘revolucionarios’ del pensamiento, no como promotores de un verdadero cambio no al estilo marxista ni como lo desea la 4-T, de ser sus aliados políticos y no sus aliados intelectuales.

A ellos el nuevo régimen político los ha confinado y desplazado al no querer verlos como los promotores, diseñadores y organizadores de las políticas públicas que tanto necesita el gobierno federal, y que deber aplicar para que funcione bien el aparato de Estado.

Pero no, la 4-T los ve como aliados del antiguo régimen, como parte del sistema neoliberal que tanto ataca, y les quita ese velo protector de ser promotores de un cambio no al estilo marxista, y no tan ‘orgánicos’ como los veía el escritor Antonio Gramsci.

Ni intelectuales tradicionales ni intelectuales orgánicos, ni socios ni enemigos, ni de derecha ni de izquierda, así deben ser considerados y así deben actuar los intelectuales de este país, aliados políticos de nadie sino del desarrollo y del progreso del país, porque ahora México necesita de todos para salir adelante.

Necesita de un verdadero líder y no de un mesías, no de un monarca, sino de un dirigente visionario, inteligente, conciliador, e intelectualmente capaz de convocar a la unidad y a la solidaridad en estos tiempos crisis que nos agobia.

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Hasta mañana

 

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