Gastón Monge

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Luego de atravesar medio continente americano en autobús, en autos y a pie, al salir de Eritrea hace siete meses debido a la terrible persecución y asesinatos de que son objeto los cristianos pentecostés,  Robiel, un joven africano de 26 años de edad, decidió huir junto con otro compatriota suyo de las guerras que asolan ese país.

Fue perseguido, detenido, torturado y preso dos años con cinco meses debido a sus creencias políticas y religiosas, motivo por lo que cerca de 500 mil eritreos son perseguidos y asesinados, ya que esta religión es motivo de serios problemas y disputas político-religiosas entre Eritrea y los países de Sudán, Yemen, Argelia y principalmente Etiopía, país que no reconoce su independencia

“Soy perseguido político y religioso, y salí de mi país con un amigo”, dice Robiel en un claro español, el que aprendió muy rápido en su larga travesía por algunos países de América del Sur y Central, hasta llegar a Nuevo Laredo hace cinco semanas.

La entrevista se realizó en el interior del refugio municipal, en donde hasta hace unas tres semanas había cerca de 60 africanos de varios países, entre ellos Eritera, esperando obtener la tan ansiada visa humanitaria o de asilo político por el gobierno de Estados Unidos.

Estudiaba en un colegio en la capital de ese lejano país, pero el gobierno impide a los jóvenes acudir a las universidades, por lo que son detenidos y encarcelados, lo que les obliga a huir como exiliados; se estima que actualmente hay unos 500 mil perseguidos que se encuentran en Sudán, desde 1993, cuando se independizó de Inglaterra.

“No podemos estudiar por los problemas de la religión y políticos, y eso hace que seamos perseguidos y encarcelados”, explica con claridad en un español lírico que aprendió en esos 9 meses de caminar por al menos 9 países de Latinoamérica”, señala.

 

El camino

 

Cuando Robiel Salió de su país lo hizo primero en un vehículo hasta Sudán, en donde abordó un avión que lo llevó hasta Brasil, y de allí viajó hasta Perú, Ecuador, Colombia y Panamá, ya fuera en autobús, en auto o caminando durante cinco o más días por las peligrosas selvas y Montañas o atravesando caudalosos ríos.

“Fue una camino muy difícil porque  vi a muchas personas que murieron por allá, hasta  que llegué a un campamento en Panamá, para seguir mi viaje hasta Costa Rica, Nicaragua, Honduras y finalmente a Guatemala”, menciona con nitidez su larga travesía por esos países latinoamericanos.

Al cruzar a México por Tapachula, Robiel recuerda que tuvo muchos  problemas con los agentes de migración, ya que estuvo en dos meses en dicha entidad mexicana, ya que su meta es llegar a Estados Unidos a solicitar asilo político por ser perseguido, ya que considera que en México no se respetan los derechos de los migrantes y porque es un país diferente a Estados Unidos en donde dice que sí hay democracia.

Antes de llegar a Nuevo Laredo hace tres semanas, Robiel se fue Veracruz y de allí a la ciudad de México, siempre en camión, o en ‘raid’, pero hasta el momento no ha sido llamado por las autoridades migratorias de Estados Unidos, por lo que sigue en espera, y no se puede comunicar con su familia, solo por redes sociales.

Su destino es llegar a California en donde lo esperan algunos amigos y familiares, y posiblemente un trabajo que espera desempeñar para ayudar a su familia en África, y confió en que se les facilite su ingreso al vecino país.

 

La realidad

 

Eritrea es un pequeño país costero que hace frontera con Sudán, Kenia, Somalia y Etiopía, países que desde 1980, cuando Eritera era colonia de Italia, le disputan territorio a ese país, motivo por el que casi siempre está en guerra con ellos, lo que hace que el idioma sea muy diversificado a pesar de que el idioma oficial sean el Tigrin o Triguiña, y el italiano, con algo de inglés además de las lenguas nativas.

Robiel habla muy bien el inglés, el tigrin y el español, pero al igual que la mayoría de los 5 millones de habitantes con que cuenta el país, vive en un estado de excepción, es decir, sin derechos políticos ni sociales, al menos desde que está en guerra con Etiopía en el año dos mil, razón por la que la ONU mantiene a varios miles de solados en el país.

“Hablo inglés, pero mi lengua madre es el Tigrin, pero no puedo trabajar ni estudiar, y más cuando se practica el cristianismos o el pentecostés, porque nos persiguen y nos mantienen en prisión, y muchas personas han muerto por esta razón, y nos confinan en las cárceles hombres con mujeres, todos juntos”, explica con detalle.

En el refugio municipal hay siete africanos que vivieron una situación similar a la de Robiel, por lo que evitan recordar lo que vivieron en sus países, y se negaron a ser entrevistados, solo é lo hizo, pero con algunas reservas, ya que no narró a esta reportero todo lo que vivió antes de salir de Eritrea.

Sin embargo, de acuerdo al personal del lugar, todos son atendidos médicamente por médicos de la Secretaría de Salud y por la organización Médicos sin Fronteras, que cada semana acuden a este sitio para realizar tareas de revisión y atención médica a los migrantes alojados ahí.

“Solo algunos casos de gripa y resfriados debido a las bajas temperaturas, pero a todos se les brinda atención médica”, se mencionó.