“Habemus Obispo”. La Iglesia como Factor de Poder

“Habemus Obispo”. La Iglesia como Factor de Poder

Gastón Monge/2498

 

  • Llega este miércoles el nuevo obispo en medio de crisis de la Iglesia Católica
  • La diócesis la disputan sacerdotes conservadores y progresistas
  • Ex obispo dividió la Diócesis
  • El padre Luis Carlos Lerma. ¿Será conservador o progresista?

 

Luego de dos años en que Nuevo Laredo estuvo sin jerarca católico, el padre Luis Carlos Lerma Martínez, ex vicario general de la Arquidiócesis de Chihuahua, se hará cargo de la Diócesis bajo el esquema de profesar la fe católica entre los feligreses de la región norte de Nuevo León y de Nuevo Laredo, que abarca unas 43 parroquias, con la finalidad de afianzar el catolicismo mediante la evangelización.

Su arribo ocurre en momentos en que la Iglesia Católica de la región, de México, y en particular en el norte del país, sufre una severa crisis multidimensional ocasionada por el relativo alejamiento de fieles y la falta de fondos para el sostenimiento de sus actividades eclesiásticas y parroquiales, así como para dar atención a sacerdotes en retiro o enfermos.

Esta baja de fieles y de vocación a la fe católica se debe en parte a una lucha interna en el seno mismo de la Iglesia Católica entre grupos de sacerdotes fieles a su formación tradicional, los que se niegan al cambio en los esquemas de profesar la fe, como de su comportamiento ante los fieles, y dentro de las actividades eclesiásticas.

El otro grupo de sacerdotes, los progresistas, son por lo general más preparados académicamente y menos tradicionalistas; van más hacia el lado de una visión menos dura y más pragmática de la religión, con un mayor acercamiento hacia la sociedad, sobre todo hacia los más desposeídos y hacia los más vulnerables.

Los sacerdotes progresistas no son bien vistos por la élite tradicional, por tener una visión más ecuménica de la sociedad; llaman a la unidad y al trabajo religioso conjunto en aras de una sociedad más justa, más progresista y más humana en un ambiente de paz y de justicia social.

La diferencia de los progresistas con los sacerdotes tradicionales es mucha, ya que los primeros en sus homilías promueven un desarrollo social más humano y más integral, superando las divisiones y proclamando la caridad con un mayor acercamiento con las causas justas.

Los conservadores se enfocan más a una vocación religiosa tradicional, con menos apego a las causas originales de la fe católica, y con ello abonan a la caída sistemática de las vocaciones sacerdotales, agudizando la crisis ya existente dentro de la Iglesia Católica.

Pero el gradual crecimiento del protestantismo y del ateísmo en esta región del país, tiene un especial significado en una población históricamente católica, con una mayor relevancia porque aleja más a los fieles católicos en una frontera que colinda con un país eminentemente protestante cuyos principios los dejan más en manos de la Biblia y de Dios que en la autoridad del Papa.

También abonan a esta crisis la violencia y la inseguridad como la que envolvió a Nuevo Laredo hace algunos años, al igual que los escándalos sexuales en los que se han visto inmiscuidos sacerdotes en todo el país.

Esta problemática distancia aún más a la juventud de la vocación sacerdotal, poniendo en crisis la organización y la administración de los seminarios o centros de formación sacerdotal, los que sufren por los escasos estudiantes y por la falta de apoyo financiero para su formación como servidores de Dios.

El primer obispo de Nuevo Laredo fue monseñor Ricardo Watty Urquidi, a quien algunos calificaron de elitista por sus preferencias con la clase alta y adinerada de ambos lados de la frontera, pero fue quien formó las bases para una buena organización entre las diferentes comunidades religiosas y parroquiales, aunque fue algo conservador.

Luego de más de una década al frente de la Diócesis, su lugar fue ocupado por el padre Gustavo Rodríguez Vega (2008-2015), un sacerdote aliado de la corriente progresista, amigo de los pobres, enemigo de los abusos, defensor de los migrantes y fuerte promotor de la teología de la liberación tanto en México como en los cargos que ha ocupado en diferentes regiones de América Latina.

Su labor altruista y progresista lo llevó a apoyar la construcción de un refugio para migrantes en Nuevo Laredo, al igual como existen en otras regiones del país.

Se trata de refugios apoyados por la Diócesis pero administrados por la orden de los padres Scalibrini, y estos lugares reflejan un encomiable esfuerzo de la Iglesia en apoyo de los migrantes, y tan solo en 9 años desde su fundación, ofreció abrigo y apoyo a cerca de 100 mil migrantes de diferentes naciones de América Latina y de otras regiones del mundo.

La buena administración de la Diócesis por parte del padre Gustavo y su convocatoria para el apoyo a los migrantes rebasó fronteras, y sin descuidar sus labores como Obispo, creo lazos de cordialidad entre los sacerdotes, laicos y comunidades, al no hacer movimientos innecesarios entre el conglomerado sacerdotal.

En el 2010 fue víctima de la delincuencia en esta ciudad y en numerosas ocasiones advirtió que la inseguridad empujaba a los migrantes a abandonar sus comunidades, y denunció que debido a la inseguridad en la frontera chica a las misas dominicales solo asistía el 20 por ciento de los feligreses.

Al llegar el padre Enrique Sánchez Martínez como tercer obispo de la Diócesis, luego de que el padre Gustavo fuera a nombrado obispo de la Diócesis de Mérida, su presencia se hizo notar de inmediato, ya que al pertenecer a la corriente conservadora de la Iglesia, con mano dura integró un pequeño grupo de sacerdotes aliados suyos mediante cambios obligados a otras parroquias, desatando la inconformidad y la división.

Este obispo desorganizó la Diócesis al ‘castigar’ a sacerdotes rebeldes que no comulgaban con su ideal de cambio y su manera de liderar, por lo que fue rechazado por algunos sacerdotes, lo que no le importó porque siguió imponiendo su voluntad entre quienes no profesaban su visión de mantener la imagen de una Iglesia más conservadora que progresista.

Fue autoritario y falto de liderazgo, pero con un enorme deseo de imponer su voluntad que profundizó más la crisis en la Diócesis, y ello se reflejó en una rebeldía entre las comunidades parroquiales, las que organizaron rifas, tandas, vendimias y todo tipo de abusos y eventos cuyos ingresos pocas veces fueron transparentes, y además no fue cordial ni tolerante con los medios de comunicación.

En este contexto de crisis motivacional el padre Luis Carlos Lerma será el cuarto obispo de esta Diócesis, por lo que a su arribo se encontrará  con una Diócesis dividida y una fuerte crisis motivacional tanto entre los sacerdotes y seminaristas como entre los feligreses, y si llega a imponer y a realizar cambios, seguro que encontrará resistencia, pero si viene a conciliar con la grey católica y con la familia sacerdotal, es seguro que encontrará, cordialidad, apoyo y empatía.

Pero también verá de frente la crisis en la Diócesis y un notable alejamiento vocacional entre la juventud religiosa, hallará diferencias entre diversos grupos de sacerdotes que durante esos dos años de ausencia de un obispo, buscaron el control y la hegemonía de las parroquias de la región.

Por eso será interesante saber con cuál de las dos corrientes que coexisten en el seno de la Iglesia Católica en esta región comulga el nuevo obispo.

¿Será conservador o será progresista? Eso lo sabremos cuando se defina ante la comunidad sacerdotal y parroquial.

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Hasta mañana

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