N. Laredo es más que la ANAM

N. Laredo es más que la ANAM

En Voz Alta

Gastón Monge

 

  • Claudia inauguró un recinto sin funcionar
  • N. Laredo aporta del 16% al 33% en recaudación fiscal
  • Industria maquiladora desaprovechada
  • ¿Y si se aprovecha la ‘mantequera’?

 

 

Las instalaciones de la Agencia Nacional de Aduanas de México (Anam) fueron inauguradas de manera precipitada por la presidenta de México Claudia Sheinbaum el pasado domingo, en medio de una desangelada recepción a la que el pueblo bueno y sabio no acudió, en parte por el extremo frío y porque en realidad lo que se inauguró fueron unas instalaciones aún inoperantes, y sin el personal clave para el manejo de las operaciones aduaneras.

Fue una visita de compromiso porque la presidenta ya no podía esperar más tiempo para justificar una inversión que aún no se ve, ya que las operaciones del comercio internacional en materia de logística siguen por el puente internacional tres mientras que las operaciones administrativas y operativas continúan desde la ciudad de México, lo que implica cuestionar si en realidad vale la pena tan costosa inversión.

Pero lo de menos son esos iniciales 4 mil millones de pesos que costó dicho inmueble, ya que lo importante será saber si funcionará para lo que fue proyectado; como el centro de operación aduanera más importante de México y de América Latina, o si será un émulo de la malograda refinería de Dos Bocas, una réplica del peligroso Tren Maya, o si tiene alguna similitud con el ostentoso aeropuerto Felipe Ángeles.

Como quiera que se le vea ahí está la Anam, una llamativa obra que al igual que las otras, denota poder y riqueza de quien ordenó su construcción. Se trata de una obra que en materia de ingresos no solo deberá mantener a Nuevo Laredo como la ciudad más importante en las operaciones de comercio internacional, también deberá ser el referente y el impulso para que esta ciudad deje de ser una frontera provinciana y se convierta en polo de desarrollo económico y de crecimiento urbano con planeación.

Y es que Nuevo Laredo, sin el edificio de la Anam sigue siendo la aduana más importante de México en lo que se refiere a comercio internacional y a recaudación fiscal, porque por aquí cruza el 42 por ciento del total de comercio con Estados Unidos por carretera, y aporta nada menos que entre el 16% y el 33% de la recaudación fiscal total del país, algo así como 200 mil millones de pesos ella sola tan solo un año, siete veces más que Reynosa, lo que da una idea del enorme potencial económico de esta ciudad.

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Pero, ¿por qué debe depender Nuevo Laredo solo de la aduana?, ¿por qué no detonar de una vez ese gran potencial con que cuenta?, ¿para qué diablos sirven esos 5 mil millones de pesos de presupuesto anual con que cuenta la ciudad?

La ubicación geográfica  de Nuevo Laredo es privilegiada, y por eso es el cruce predilecto de los transportistas para comerciar con Estados Unidos, razón por la que es sitio ideal para la instalación de empresas maquiladoras que abastezcan al mercado más importante del mundo, que está a unos cuantos metros al norte.

El potencial industrial de esta ciudad no ha sido aprovechado como debe ser, ya que a las 34 maquiladoras actuales debería sumarse otras tantas, y los casi 30 mil trabajadores deberían aumentar al doble, y consolidarse como punto estratégico para la industria manufacturera nacional, como lo fue en las décadas de los años 90 y 2000.

La creación y promoción de más parques industriales es vital para el desarrollo de la ciudad, porque garantizaría que las empresas ya establecidas y por establecer se acojan al programa de Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX) para importar de manera temporal materias primas, componentes y maquinaria, con el Impuesto General de Importación  (IGI) y el IVA diferidos, siempre que sean utilizados para la exportación. ¿Acaso no es una gran ventaja?

Pero el derrotero de esta ciudad no se basa solo en el comercio internacional y en las maquiladoras, porque tiene un enorme potencial económico aún sin explorar, y menos sin explotar, como es el turismo en todas sus gamas.

El turismo cinegético también está descuidado porque pese a que en esta temporada de cacería del venado arroja una derrama de casi 10 millones de dólares, los ranchos cinegéticos aún no son una realidad aunque exista el proyecto.

Al turismo gastronómico se le deja en manos de la vecina Laredo, a pesar de la gran cantidad de restaurantes con un muy variado menú que hay en la ciudad, a los que pudieran acudir las familias de los cazadores o de los mismos empresarios y comerciantes que integran el turismo de negocios que acude a los hoteles a reuniones y eventos.

¿Pero qué le falta a Nuevo Laredo para que deje de ser una provincia? Le faltan buenas vialidades, más áreas verdes bien arboladas, centros comerciales de primer nivel, mejores lugares de esparcimiento familiar, no parquecitos ni placitas, algunos centros recreativo de primer nivel, restaurantes con cocina internacional, grandes almacenes de ropa, expandir el zoológico con fauna diversa.

Tal vez lo que fue la mantequera pueda ser adquirida para crear en ese enorme lugar un gran centro de atracciones, museos de arte moderno, de historia regional, de culturas populares y migración, tal vez esta ciudad pueda ser mejor de lo que actualmente es, ¿no cree usted amigo lector?

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Hasta mañana

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editor

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