Tiempo de Opinar
Raúl Hernández
-Cumple 178 años de fundación
-Ciudad de paso, para llegar o salir
-Es el infierno, en época de calor
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
15-junio
La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas encabezó este día los eventos cívicos por el 178 aniversario de Nuevo Laredo. A temprana hora se realizaron los honores a la bandera, en la plaza Hidalgo, y más tarde se colocó una ofrenda floral en el monumento a los Fundadores.
Por la noche estaba programado un baile popular que se canceló desde hace unos días, por la amenaza de tormenta.
Juan Carlos Medina, dirigente de la agrupación Dios gobierna Nuevo Laredo, también celebró el aniversario de la ciudad y recordó que hace 46 años llegó a esta ciudad, que lo adoptó.
Ya lo dijo la gran Chavela Vargas: los mexicanos nacemos en donde se nos da la chingada gana.
Y pues sí, alrededor de la mitad de los habitantes de Nuevo Laredo provienen de otros estados. Llegamos aquí a trabajar, nos gustó la ciudad, a pesar de no tener ningún atractivo turístico, y aquí nos quedamos.
Cuando visito otra ciudad y disfruto de sus atractivos, de su clima, de su gastronomía, de la hospitalidad de su gente, siempre me pregunto: ¿Por qué me quedé en Nuevo Laredo y llevó 44 años aquí?
San Cristóbal de las Casas tiene el mejor clima de México, siempre fresco; Oaxaca tiene la mejor gastronomía; la Ciudad de México, cuenta con los museos más espectaculares; Cancún tiene las playas más bonitas; Puebla presume sus iglesias; Chihuahua nos emociona con sus barrancas del cobre; Querétaro con su Peña de Bernal; Zacatecas con sus huicholes; Jalisco con su tequila; San Miguel de Allende con su cuna de la Independencia, y así podemos enumerar cientos de ciudades y pueblos mexicanos que son únicas y las disfrutan sus habitantes y sus visitantes.
¿Y Nuevo Laredo qué?
Por ser el punto más cercano entre la Ciudad de México y Estados Unidos, somos una frontera por la cual han transitado muchos personajes históricos para salir o llegar al país.
Por aquí cruzó, en 1963, Lee Harvey Oswald, el asesino de John F. Kennedy, con rumbo a la Ciudad de México, para visitar la embajada de Cuba, luego regresó y en Dallas selló su destino.
Poco después, en 1966, por esta frontera llegó Gabriel García Márquez, junto con su esposa Mercedes, provenientes de Nueva York, para viajar en tren a la Ciudad de México donde se encerró dos años para escribir su inmortal Cien años de Soledad.
En 1910, por aquí cruzó Francisco I. Madero, con destino a San Antonio donde redactó su Plan de San Luis y fijó las seis de la tarde, para el inicio de la su revolución mexicana, que triunfó, lo llevó a la presidencia y 15 meses después fue derrotado y su muerte festejada por la prensa de la época.
Antes de él, Ricardo Flores Magón, huyó del país, cruzó por esta frontera y se quedó a vivir un tiempo en Laredo, Texas. Otro periodista, Paulino Martínez, hizo lo propio a fines del siglo 19, huyendo de don Porfirio Díaz.
De 1926 a 1929, por aquí cruzaron los jerarcas de la iglesia católica cuando Plutarco Elías Calles decidió su expulsión del país.
Hace poco más de 100 años, cuando Nuevo Laredo, tenía alrededor de 25 mil habitantes, cuando la prensa entrevistaba a magnate Octaviano Chito Longoria y le preguntaban si era de Nuevo Laredo, él contestaba: “Yo no soy de Nuevo Laredo, Nuevo Laredo es mío”. Era lo mismo que contestaba Luis Terrazas, varias veces gobernador de Chihuahua, a partir de 1860, dueño de 2.5 millones de hectáreas.
A cada neolaredense, nacido o adoptado, le toca nombrar las cualidades que lo arraigaron en esta tierra que en tiempo de calor tiene uno de los peores climas del país y si el Infierno es como lo pinta la iglesia, pues ya la hicimos.
Lo dijo el Cochiloco, ese personaje que interpretó en el cine Joaquín Cosío: “Me cae, mi Beny, que esta vida, es el verdadero infierno”.

