Historias de reporteros 29

Historias de reporteros 29

Tiempo de Opinar

Raúl Hernández

Francisco Zarco

 

-Era políglota y autodidacta

-Fue encarcelado y desterrado por sus ideas

-Murió a los 40 años y su obra abarca 20 volúmenes

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

5-septiembre

 

Una de las frases que inmortalizó el periodista Francisco Zarco es: “No escribas como periodista, lo que no puedas sostener como hombre”.

Y él sí que defendió su libertad de imprenta y enfrentó a presidentes como Mariano Arista, Antonio López de Santa Anna, Miguel Miramón, entre otros, por lo cual fue enviado a prisión y desterrado del país.

Por la defensa de sus ideales, criticó al mismo presidente Benito Juárez, a pesar de que formó parte de su gabinete, en calidad de secretario de Relaciones Exteriores.

Zarco nació el 3 de diciembre de 1829, en la ciudad de Durango.

Era políglota y dominaba el inglés, francés, italiano, latín y español. Era autodidacta.

En 1844, a los 15 años de edad, ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores, en calidad de traductor de inglés y francés. Ahí permaneció hasta junio de 1951, cuando fue cesado.

En 1849 empezó a escribir sobre temas literarios en los periódicos El Porvenir y La Gota de Roció.

En 1851 colaboró en la Ilustración Mexicana, dedicada a temas literarios, y al año siguiente se incorporó a El Siglo Diez y Nueve. Le siguió, en 1852, el periódico Las Cosquillas, dedicado al humorismo y en el que criticó al presidente Mariano Arista, quien ordenó su persecución y el periodista se ocultó para no ser aprehendido. Para entonces ya tenía la cosquillita de la política y en 1854 fue electo diputado por Yucatán y por ser opositor a Santa Anna se vio obligado a exiliarse en Nueva York y regresó al año siguiente, con el triunfo de la Revolución de Ayutla que obligó al dictador a abandonar el país. A su regreso, ya no volvió a tocar temas literarios, se enfocó en temas políticos y sociales.

Entre 1856 y 1857, fue diputado en el constituyente que analizó y aprobó la Constitución liberal en la que se separó a la iglesia del gobierno. Además de Zarco, participaron otros liberales, como Ignacio Ramírez, Ponciano Arriaga, Melchor Ocampo, Ignacio Comonfort, León Guzmán.

Zarco asistió a las sesiones en representación del estado de Durango. Como diputado y periodista, asistió al Congreso y relató las sesiones diarias, publicándose  al día siguiente en el periódico El Siglo Diez y Nueve.

Estos artículos se publicaron como un libro, Historia del Congreso Extraordinario Constituyente de 1856 y 1857. Fue la única obra publicada en vida. Su obra completa, que son recopilaciones de sus artículos en periódicos, abarca 20 volúmenes.

Junto con otros liberales, Zarco alentó y consiguió la aprobación de una Constitución progresista. Subió a debatir sobre diversos temas, entre ellos el de la libertad de imprenta:

“Triste y doloroso es decirlo, pero es la pura verdad: en México jamás ha habido libertad de imprenta; los gobiernos conservadores y los que se han llamado liberales, todos han tenido miedo a las ideas, todos han sofocado la discusión, todo han perseguido y martirizado el pensamiento”.

Leer las crónicas que redactó Zarco sobre el Constituyente son un agasajo, en especial cuando se firmó y juró el trascendental documento.

El diputado José María Mata dio lectura al texto de la Constitución y se llamó, por estados, a más de noventa diputados, para que firmaran. Luego se llamó al vicepresidente del Congreso, León Guzmán y después le siguió el turno al presidente del mismo, Valentín Gómez Farías, que fue conducido por varios diputados y arrodillado ante el Evangelio juró enseguida “y besó el crucifijo, consagrando así aquel sacramento de la patria”.

“Hubo un momento de profunda emoción al ver al venerable anciano, al patriarca de la libertad en México. prestando el apoyo moral de su nombre y de su gloria al nuevo Código político”. Gómez Farías moriría meses después, el 5 de julio de 1858, a los 77 años de edad y tuvo que ser enterrado en el patio de su casa, porque las autoridades eclesiásticas le negaron la opción de ser enterrado en “campo santo”.

Una comisión de la cámara pasó a anunciar al presidente Ignacio Comonfort que se le esperaba para jurar.

Con voz firme y clara éste juró: “Yo, Ignacio Comonfort, presidente sustituto de la República, juró ante Dios, reconocer, guardar y hacer guardar la Constitución política de la República Mexicana que hoy ha expedido el Congreso”.  Ante Dios, juraba Comonfort. No eran, pues, ateos los que habían debatido y aprobado la Constitución.

En 1859, Zarco denunció la brutal matanza de Tacubaya, ejecutada por el general Leonardo Márquez. Los días 10 y 11 de abril, se enfrentaron fuerzas conservadoras y liberales y las primeras resultaron vencedoras.

Como resultado de la batalla, hubo decenas de prisioneros y Márquez los fusiló, pero además de oficiales y tropas apresadas, también se asesinó a médicos y estudiantes de medicina que acudieron a auxiliar a los heridos, así como a civiles a los que se responsabilizó de haber apoyado a los liberales.

Zarco investigó la matanza, habló con testigos y redactó un folleto en el que enumeró a 53 víctimas y denunció los excesos de los conservadores.

El presidente conservador -había dos, uno liberal, Benito Juárez y el otro conservador, Miguel Miramón- ordenó detener a Zarco el 13 de mayo de ese año y permaneció preso siete meses siendo liberado el 25 de diciembre, con la derrota de los conservadores.

Zarco fue ministro de Relaciones Exteriores durante la intervención francesa, con Benito Juárez como presidente de la república, de enero de 1861 a septiembre de 1864, cuando se exilió en Nueva York y regresó a México, en 1867, con la derrota del imperio.

En 1861, de nuevo se hizo cargo de la dirección de Las Cosquillas y desde ahí criticó a Juárez por permitir el crecimiento del sector liberal moderado.

Francisco Zarco Mateos murió a los 40 años, el 22 de diciembre de 1869, a causa de una tuberculosis pulmonar.

Fue sepultado al día siguiente en el panteón de San Fernando -donde posteriormente se depositó el cuerpo de Benito Juárez- pero luego se sabría que el féretro estaba vacío, pues su cadáver estaba siendo embalsamado, proceso que duró ocho meses.

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