Historias de Reporteros 7

Historias de Reporteros 7

Tiempo de Opinar

Raúl Hernández

El México bárbaro de

John Kenneth Turner

 

-Denunció la esclavitud en el porfiriato

-Flores Magón lo motivó a investigar

-Preludio de la revolución mexicana

-La vida de los indígenas era nada

 

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

4-abril

 

Aunque legalmente la esclavitud se prohibió en México desde 1829, durante el porfiriato estaba permitida y era alentada por el propio gobierno. Los indios mayas eran explotados hasta la muerte en las haciendas henequeras de Yucatán y lo mismo ocurría con los yaquis en las haciendas tabacaleras del Valle Nacional en Oaxaca.

Los hacendados operaban mediante el sistema de medieros: la hacienda hacía préstamos a los campesinos de semillas y en efectos de la tienda de raya y a la hora del reparto o liquidación, la mayoría de los trabajadores salía debiendo, 

a su desinteresado patrón.

En la tienda de raya “se vendía al peón y su familia la manta, el percal, el jabón, el maíz, el frijol, el aguardiente, y por supuesto otras mercancías a precios generalmente más altos que los del mercado y no siempre de buena calidad. El jornal se pagaba con mercancías y sólo cuando sobraba un poco solía completarse con moneda de curso legal. En la tienda de raya se llevaba al peón cuenta minuciosa de sus deudas, las cuales pasaban de padres a hijos y jamás podrían extinguirse, entre otras causas y razones, porque las necesidades elementales del peón y su familia no podían llenarse con el exiguo jornal. Al hacendado le convenía tener peones endeudados porque así le era más fácil tenerlos arraigados a la tierra y explotarlos mejor”.

En sus haciendas, los hacendados hacen lo que quieren. A los trabajadores, en especial los indígenas, los ven como seres inferiores. Los humillan, los vejan, los maltratan, ejercen el derecho de pernada cuando les apetece, los esclavizan y, en ocasiones, los torturan hasta matarlos. Y ante el exceso, ninguna autoridad los somete. Es inútil denunciar a los hacendados maltratadores. Las denuncias no conmueven a las autoridades y en cambio provocan una violenta reacción del hacendado que puede llegar a matar al denunciante.

En Oaxaca surge el famoso Valle Nacional, una serie de 30 haciendas tabaqueras, a donde son enviados a trabajar por un exiguo salario, campesinos que son secuestrados y vendidos o se les lleva con engaños. Se les obliga a trabajar desde las cuatro de la mañana hasta las diez de la noche o más.

Este sistema de esclavitud es denunciado en 1911 por el periodista John Kenneth Turner, en su libro México bárbaro, lo que se constituye en un escándalo internacional.

Turner se entrevistó en 1908, en la cárcel de Los Ángeles, con los liberales anarquistas Ricardo Flores Magón, Antonio Villarreal y Librado Reyes quienes le hablaron de la esclavitud que se practicaba en México.

-¿Seres comprados y vendidos como mulas en América? ¡En el siglo XX!, Bueno –me dije-, si esto es verdad, tengo que verlo.

Acompañado de Lázaro Gutiérrez de Lara, visitó las haciendas henequeras de Yucatán y las tabaqueras de Oaxaca, en 1908, además de otros estados. Se hizo pasar como inversionista y eso le permitió obtener muchas confidencias de hacendados, administradores de los mismos y de los propios campesinos.

En Yucatán, los hacendados le ofrecieron hombres en 400 pesos, aunque en el caso de los yaquis el precio era de 65 pesos, por hombre, mujer o niño. En el Valle Nacional, una zona con 30 haciendas tabaqueras, había indios y mestizos, a los que el hacendado compraba por 45 pesos y no había forma de que el trabajador se liberara, pues a cambio de su trabajo, el patrón le daba maíz, frijol, manta, alcohol, que le vendía varias veces el valor en el mercado, de tal forma que la deuda siempre crecía. Y si alguno lograba escapar, se ofrecía 10 pesos por su captura. El hacendado “lo hace trabajar a su voluntad, lo alimenta o le hace pasar hambre a su antojo; lo tiene vigilado por guardias armados día y noche, lo azota, no le da dinero, lo mata y el trabajador no tiene ningún recurso al cual acudir”.

En las haciendas, la jornada laboral iniciaba a las cuatro de la mañana. El mayordomo esperaba sentado en su oficina a que llegaran los servidores. Antes de distribuir el trabajo, el mayordomo castigaba las faltas cometidas el día anterior. Se les sancionaba si se embriagaban, faltaban al trabajo, sin importar que estuvieran enfermos, por reñir con algún compañero, por armar escándalo. El mayordomo interrogaba, oía testigos y aplicaba la pena, 6, 10, 25, 50 azotes. El capataz provisto de una soga de henequén aplicaba el castigo. Si el sirviente había huido y era capturado se le aplicaban 100 azotes y se le sujetaba a un árbol, amarrado de las muñecas, donde permanecía hasta dos semanas y las heridas eran untadas con sal y limón para que cicatrizaran. Los gastos de su captura y devolución, se les cargaban a su deuda.

En las haciendas el peón gana entre 18 y 25 centavos diarios y a principios del siglo 19, el salario era de 25 centavos en las tierras frías y de 30 centavos en la tierra caliente, es decir, el salario “se estacionó” un siglo.

Si la situación era precaria en el campo, la vida de los obreros no era precisamente de bonanza. Recibían salarios míseros, trabajaban en condiciones de insalubridad, carecían de prestaciones, lo que “hacían del obrero un paria que vivía en condiciones lastimosas”.

La investigación de Turner se publicó, en varios reportajes, en 1909, en la revista The American Magazine y al año siguiente como libro.

México Bárbaro constituyó un golpe demoledor para el porfiriato y sus seguidores, que elogiaban 30 años de desarrollo y progreso, pero omitían el trato inhumano a los indígenas, tratados como bestias. Aún hoy, hay quienes se empeñan en sostener esa misma narrativa, menospreciando la vida de los indígenas.

Los malos tratos también se extendían a la clase obrera y ahí están como ejemplo la brutal represión a las huelgas de Cananea y Río Blanco, la primera con 10 muertos y la segunda, con cifras que van desde los 50 hasta los 300. Don Porfirio estaba empeñado en el desarrollo del país, pero sin valorar la vida de la gente humilde.

La pax porfiriana se cimentó en una brutal represión a los adversarios y en ese sentido Turner contribuyó a desmitificar un régimen asesino.

editor

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