Tiempo de Opinar
Raúl Hernández
-última oportunidad de Américo para recomendar amigos
-Impondrá candidatos al Congreso
-Cada municipio es diferente
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
26-diciembre-2025
La próxima elección será el primer domingo de junio de 2027. Estamos a 17 meses y, sin embargo, los que aspiran, andan tan encarrerados que dice el eterno líder del PT en Tamaulipas, Arcenio Ortega Lozano, que hay que regular las pre de las precampañas, para que no haya proselitismo anticipado.
Y como no están reguladas las pre de las precampañas, políticos de todos los partidos se aprovechan para hacer proselitismo. Los que lo hacen desde el sector privado, sin ocupar ningún cargo público de elección o administrativo, está bien: arriesgan su dinero y el de sus mecenas. Lo condenable son los que utilizan los cargos públicos para promoverse ya sea con recursos públicos o mal habidos. La única forma de pararlos es que lo haga la presidenta Claudia Sheinbaum, como lo hizo con la nefasta senadora de Chihuahua, Andrea Chávez, que gastaba un millón de pesos mensuales, para llevar servicios médicos gratuitos a las comunidades pobres, dinero que salía de un empresario amigo de Adán Augusto, el hombre detrás de Andrea Chávez y de Olga Sosa y de Julieta Ramírez, que quieren ser gobernadoras de Chihuahua, Tamaulipas y Baja California, todo bajo el padrinazgo de Adán Augusto, relacionado con el grupo criminal de la Barredora, pero no le hacen nada, porque la presidenta le tiene miedo.
Ya quedó en el olvido la vieja conseja de don Fidel Velázquez: “El que se mueve, no sale en la foto”. Ahora es al revés: “El que no se mueve, no sale en la foto”.
Para la elección del 2027, al sexenio de Américo Villarreal le quedará un año y cuatro meses y seguramente va a querer meter mano en los 22 distritos electorales, con la esperanza de que Morena gane, controle el Congreso y quede blindado. Y algo similar ocurrirá en las alcaldías: será la última oportunidad para ayudar a familiares y amigos a cumplir sueños.
En los 43 ayuntamientos, podrá optar por recomendar amigos en los principales municipios o bien consensuar con los grupos políticos ya sea para que apoyen a uno de los suyos, que quede un candidato neutral o aceptar a uno recomendado por los grupos que garantice la victoria.
Ciertamente, Morena es el partido que acapara las preferencias electorales, pero la situación política no es la misma en todos los municipios.
En el 2024, Morena batalló para ganar Victoria y Nuevo Laredo. En el primero Morena obtuvo 68 mil 631 votos contra 67 mil 537 del PAN. La diferencia fue de mil 97 votos.
En Nuevo Laredo, Morena obtuvo el 49.3 por ciento de los votos, 93 mil 697 contra el 46.93, 89 mil 193 del PAN, para una diferencia de 4 mil 502 votos, el 2.4 por ciento.
En Victoria y Nuevo Laredo, el gobernador tendrá que ser muy cuidadoso en la determinación de los candidatos. En ambos tiene un interés especial en conservarlos, porque el primero es la capital del estado -y sigue siendo de las capitales más feas de todo el país- y el segundo es la joya de la corona, por ser el municipio con mayores recursos económicos.
En cambio, Morena arrasó en Reynosa, con 151 mil 837 votos y 68 mil 336 del PAN, para una diferencia de 83 mil 501 votos; lo mismo ocurrió en Matamoros, donde consiguió 127 mil 891 votos, el PAN 55 mil 045, para una diferencia de 72 mil 846.
En Tampico, Morena consiguió 82 mil 384 votos y 62 mil 397 del PAN, una diferencia de 19 mil 987 votos; en Altamira, Morena consiguió 70 mil 074 votos y el PAN se quedó con 18 mil 090; para una diferencia de 51 mil 984 votos; en Madero, Morena consiguió 54 mil 222 y el PAN 40 mil 917, para una diferencia de 13 mil 235 votos.
En Reynosa, Matamoros, Tampico, Madero, Altamira, se tendrá que evaluar si los triunfos aplastantes son obra de la marca Morena, es el resultado de los grupos políticos que los controlan o es un reconocimiento de la ciudadanía al trabajo que realizan los alcaldes.
La marca Morena se desgastó mucho este año, como resultado de los escándalos del huachicol fiscal, los nexos de Adán Augusto con el grupo criminal de La Barredora, los viajes al extranjero de políticos morenistas, las metidas de pata del cobarde de Gerardo Noroña, la vida de lujos de Andy López Beltrán y un largo etcétera.
A todo lo anterior, hay que añadir la insatisfacción ciudadana porque no hay resultados en ningún rubro de la administración: la salud está colapsada, la educación es un desastre, el campo está abandonado, no hay crecimiento económico, la inseguridad sigue siendo el principal problema del país. Somos un estado fallido.
La marca Morena, por sí sola, no garantiza ningún triunfo. Se tendrá que apostar a candidatos con carisma, meterle mucho dinero a la campaña, dividir a los opositores, incluso recomendándole e imponiendo candidatos, utilizar los programas sociales, amedrentar a los burócratas, emplear a los medios de comunicación y un largo etcétera.
En aquellos lugares donde se haga a un lado a los grupos políticos, antes deberán amarrarles las manos a sus líderes, para que no apoyen de manera encubierta o abiertamente a los opositores. En ese acoso es fundamental el Congreso.
El gobierno del estado tendrá que hacer sus propias evaluaciones sobre lo que la ciudadanía opina de cada uno de sus alcaldes. Más allá de entrevistar a burócratas, a familias beneficiarias de los programas sociales o a ciudadanos beneficiados con obras en su colonia, se tendrá que hacer una evaluación real, para poder tomar decisiones respaldados en lo que dicta la razón.

