De Primera
Arabela García
Inocentes sin visa: la nueva plaga del funcionariado mexicano
No es persecución, es rendición de cuentas (versión gringa)
Tamaulipas ya no puede seguir siendo territorio del rezago ni de las promesas eternas. Hoy, el gobierno de Américo Villarreal Anaya avanza con proyectos que no solo son ambiciosos, sino necesarios. La autopista Mante-Ocampo-Tula, con un 81% de avance, no es una obra cualquiera: es una vía que conecta a la región sur con el Bajío, un verdadero motor de desarrollo si se consolida como debe ser.
Y no viene sola. El viaducto elevado de Tampico, el libramiento sur de El Mante y otras obras apuntan hacia un nuevo rostro del estado: más conectado, más competitivo, más justo con sus regiones olvidadas.
Pero ojo: las obras no son el fin, son el medio. Lo que transforma no es el concreto, es el impacto en la vida diaria. No basta con inaugurar, hay que vigilar que funcionen, que duren, que no se llenen de baches ni de corrupción.
Porque transformar no es construir por construir. Es dejar huella. Y esa huella, gobernador, debe sentirse en cada comunidad, no solo en los discursos.
Barbas mojadas y visas secas: la nueva moda de los funcionarios “inocentes”
“Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. El refrán suena a advertencia de abuelita, pero aplica como bisturí en cirugía mayor para más de un político mexicano que se pasea con aires de impunidad. Porque no, señores, cuando al vecino le quitan la visa, no es por pasarse de rezador en misa.
La reciente “novela diplomática” protagonizada por la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, y su esposo, es solo el capítulo más reciente de una larga saga de funcionarios que se indignan cuando Estados Unidos les dice: “Usted ya no entra aquí”. Ella dice que fue un trámite administrativo, que, por ser funcionaria pública, que no es nada personal. Claro, como si al Tío Sam se le diera por revocar visas al azar, tipo ruleta rusa. Pobrecita. ¿Qué sigue? ¿Decir que fue un error del sistema?
A estas alturas, creer que alguien pierde su visa solo por burocracia es como creer que el SAT hace auditorías por cariño. El Departamento de Estado no juega a las adivinanzas ni a los favores políticos; cuando te revocan la visa es porque algo huele mal… y no es el mole.
El problema no es que les quiten la visa. El problema es que, cuando pasa, todos se agarran del mismo guion: “Es injusto”, “no hay pruebas”, “soy víctima política”. Pero si los rumores, investigaciones, contratos opacos y amistades peligrosas fueran un maratón, muchos ya tendrían medallas de oro.
Y la pregunta que queda en el aire es: ¿cuántos más andan caminando por el filo de la navaja? ¿Cuántos más están en la mira, esperando su turno para el baño de realidad estadounidense? Porque si el vecino ya se cortó la barba y tú sigues paseándote como si nada, prepárate: el agua ya está lista y es cuestión de tiempo para que te toque el remojo.
Así que, queridos funcionarios públicos: saquen sus toallas. Porque lo que viene no es solo un chapuzón, es una ola. Y cuando Estados Unidos pone el ojo, no lo quita… hasta que limpia.
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