Hipódromo Político
Carlos Cortés
Si alguien ha entendido, y muy bien, lo que significa la educación para una Ciudad, es la alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas Villarreal, quien en los últimos años ha invertido en educación, educación y más educación, entendiendo que ello, a mediano y largo plazo estará aportando a la transformación de Nuevo Laredo y a poder ofrecer mejores condiciones de vida para las familias neolaredenses. Tiempo al Tiempo
Hay decisiones de gobierno que parecen meramente administrativas, pero que, cuando se observan con detenimiento, dicen mucho más de lo que aparentan. Y en ese sentido, la decisión del Cabildo de Nuevo Laredo de aprobar que el nuevo Museo de Ciencia, Tecnología y Planetario lleve el nombre de la Dra. Annie Pardo Cemo, a propuesta de la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal, es una de ellas. Porque, en política, los nombres también comunican.
Y Carmen Lilia tiene muy claro el mensaje que quiere dejar sobre la mesa: si Nuevo Laredo está construyendo uno de sus proyectos educativos y culturales más importantes y ambiciosos, entonces el referente no podía ser otro que el de una mujer vinculada con la ciencia, la investigación y la formación de nuevas generaciones.
Annie Pardo Cemo no necesita demasiada presentación en el ámbito académico. Más de cinco décadas de trayectoria científica, Profesora Emérita de la UNAM, Investigadora Nacional Emérita y Premio Nacional de Ciencias 2022, hablan de una carrera construida en los laboratorios, en las aulas y en la investigación. Y aquí aparece, inevitablemente, la política.
Annie Pardo Cemo es también la madre de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. Y sería ingenuo pensar que ese dato no tendrá lecturas políticas. Las tendrá. Y seguramente muchas.
Pero la apuesta de la alcaldesa neolaredense, Carmen Lilia Canturosas Villarreal, está precisamente en otro terreno: que el nombre de Annie Pardo Cemo sea recordado por su trayectoria científica y no solamente por ser la madre de la presidenta de México. Y ahí está quizá lo más interesante de la decisión.
El nuevo museo no será únicamente un edificio con tecnología, exhibiciones y un planetario. Será, sobre todo, un espacio en el que niñas, niños y jóvenes de Nuevo Laredo tendrán contacto con el mundo de la ciencia. Y por eso importa el nombre.
Porque cuando un gobierno decide qué persona merece estar en la fachada de una institución educativa o cultural, o decide un nombre para un proyecto, también está diciendo qué valores considera dignos de ser reconocidos.
En este caso, la respuesta parece bastante clara: la científica Annie Pardo Cemo es sinónimo de conocimiento, investigación, preparación, ciencia y excelencia académica. Y eso, en una ciudad fronteriza como Nuevo Laredo, también tiene una lectura adicional.
En tiempos en los que la política suele estar dominada por la obra pública, los presupuestos, las elecciones, las encuestas y la disputa por el poder, colocar a la ciencia en el centro de la conversación resulta una apuesta diferente.
Carmen Lilia Canturosas está utilizando uno de los proyectos más emblemáticos de su administración para construir un mensaje que puede ir más allá de su propio gobierno.
Porque las administraciones pasan, los alcaldes terminan sus periodos, los políticos cambian de posición, pero las instituciones permanecen.
Y si el Museo de Ciencia, Tecnología y Planetario cumple con la expectativa de convertirse en un referente educativo de Nuevo Laredo, el nombre de Annie Pardo Cemo quedará asociado durante muchos años con miles de estudiantes que pasarán por sus instalaciones.
Ese es el verdadero alcance político de la decisión, porque no solamente se está colocando un nombre en una placa. Se está intentando colocar una idea en la mente de una generación.
Y es que la idea de que la ciencia también puede ser una aspiración: que una niña de Nuevo Laredo puede imaginarse como investigadora; que un niño puede descubrir en un planetario su vocación por la astronomía; que estudiar, investigar y generar conocimiento también son formas de transformar una comunidad. Y sí, quizá ahí está la jugada más inteligente de Carmen Lilia.
Porque si dentro de diez, veinte o treinta años alguien pregunta por qué aquel museo lleva el nombre de Annie Pardo Cemo, la respuesta no tendrá que ser necesariamente política, podrá ser mucho más sencilla: “Porque fue una científica mexicana que dedicó su vida al conocimiento”.
Y si eso es lo que terminará quedando en la memoria colectiva, entonces la decisión habrá trascendido la coyuntura y se habrá convertido en legado.
En política, no todos los nombres sobreviven a quienes los pronuncian. Algunos, sin embargo, terminan formando parte de la historia de una ciudad. Y seguramente así será con el nombre de Annie Pardo Cemo.
Y es que todo ello deja claro que en política hay decisiones que producen resultados inmediatos y otras cuyos beneficios se construyen con el paso del tiempo. Y apostarle a la educación pertenece, sin duda, al segundo grupo. Por eso resulta significativo que, en Nuevo Laredo, la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal haya colocado la educación como una de las prioridades de su administración.
Y es que gobernar una ciudad no solamente significa construir calles, mejorar servicios públicos o impulsar obras de infraestructura, sino que también significa pensar en las nuevas generaciones, en los niños y jóvenes que dentro de algunos años serán quienes tomen las decisiones, ocupen los espacios laborales y conduzcan el rumbo de la comunidad.
En ese sentido, la visión de Carmen Lilia Canturosas parece tener una premisa muy clara: invertir en educación es invertir en el futuro de Nuevo Laredo.
La importancia de esta política pública radica en que, una ciudad fronteriza, como Nuevo Laredo, necesita mucho más que infraestructura. Su posición estratégica, su actividad comercial y su conexión con Estados Unidos demandan ciudadanos cada vez mejor preparados, capaces de responder a los retos de una economía que cambia rápidamente y que exige nuevos conocimientos y habilidades.
Por ello, el respaldo a estudiantes, escuelas y comunidades educativas adquiere una dimensión que va más allá de una simple entrega de apoyos. Se trata de generar las condiciones para que ningún estudiante tenga que abandonar sus estudios por falta de recursos y para que las instituciones educativas puedan contar con mejores condiciones para desarrollar su tarea.
Carmen Lilia Canturosas ha entendido, además, que hablar de educación no es hablar únicamente de salones de clase. Es hablar de oportunidades, movilidad social, igualdad y desarrollo.
Un estudiante que recibe apoyo para continuar sus estudios representa una posibilidad menos de deserción. Una escuela que mejora sus condiciones representa un entorno más adecuado para aprender. Un joven que concluye su preparación profesional representa, eventualmente, una persona que puede incorporarse al mercado laboral con mejores herramientas y contribuir al crecimiento de su comunidad.
Y aquí aparece otro elemento fundamental: la educación también es una estrategia de desarrollo económico. Y de ahí que la política educativa deba entenderse como una inversión de largo alcance.
Al final del día, una ciudad puede presumir grandes avenidas, importantes inversiones y una economía dinámica. Pero su verdadero potencial se encuentra en su gente. Y si algo puede transformar de fondo a una sociedad es precisamente la educación.
Por eso, la apuesta de Carmen Lilia Canturosas Villarreal por el sector educativo merece ser observada no solamente como una acción de gobierno, sino como una visión de ciudad, porque educar hoy es construir el Nuevo Laredo del mañana.
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