Mitos, ritos y realidades del aniversario 178 de NLD

Mitos, ritos y realidades del aniversario 178 de NLD

En Voz Alta

Gastón Monge/2535

 

  • Cumple N. Laredo 178 de una rica herencia cultural
  • Un mito creer que los muertos fueron cruzados por el Río Bravo
  • N. Laredo es ciudad de paso
  • Mala planeación genera crecimiento urbano desordenado

 

Ayer 15 de junio Nuevo Laredo cumplió 178 años de una larga historia de unidad y de identidad que datan desde el tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, hasta el Tratado de Libre Comercio (TLC) iniciado en 1994 y continuado en el 2020 con el T-MEC, por lo que esta ciudad tiene motivos suficientes como para ser una de las ciudades más importantes del norte de México.

Tal vez porque Laredo y Nuevo Laredo son las únicas ciudades fronterizas que comparten en igualdad de condiciones una historia que las identifica y que las une, y un idioma español que se habla en 95 por ciento en la vecina ciudad, más que en otras ciudades fronterizas estadounidenses.

Pero tal vez el motivo más importante que finca una identidad común entre ambas ciudades sea su origen histórico, porque ambas comunidades estaban integradas en una sola antes del despojo territorial de 1848.

Esta historia común forjó entre los habitantes de ambas ciudades una identidad y una cultura idiomática común formada por lazos familiares, culturales y comerciales que juntos han logrado hasta el momento una cultura fronteriza única, diferente a la del interior de México y de Estados Unidos, con una fonética peculiar, distinta al español mexicano y al inglés estadounidense, producto de un proceso histórico y sistemático de transculturación y de sincretismo.

A pesar de que el río Bravo fue el trazo fronterizo final que marcó la historia de México y de Nuevo Laredo, desde entonces, más que dividir, une cada vez más a los habitantes de Nuevo Laredo, por ser este afluente un motivo más de identidad histórica y cultural.

Después de 178 años de historia pervive el mito de creer que luego de que México perdiera de manera injusta más de la mitad de su territorio, algunas de las familias que quedaron en el nuevo territorio estadounidense de la Villa de San Agustín exhumaron a sus muertos y los trasladaron hasta Nuevo Laredo como un ejemplo de patriotismo y de nacionalismo.

Pero esta creencia nunca ha sido comprobada de manera histórica porque no existen documentos ni testimonios que lo certifiquen, por lo que se ha convertido en un mito que a través del tiempo ya es una leyenda urbana, aunque esas 17 familias que no renunciaron a su identidad mexicana se plasma en lo que hoy conocemos como el Monumento a los Fundadores.

Es así como del mito de creer en la exhumación y traslado de los muertos para inhumarlos de nueva cuenta en territorio de Nuevo Laredo, es ya un rito que año tras año se repite sin cesar como un homenaje a esa parte de la historia de México que se niega a desparecer.

Pero contrario a los mitos y a los ritos convertidos en historia, surge, paralelo a la creencia popular, un dinamismo comercial sin precedentes, surgido a raíz del tratado comercial con Estados Unidos y del dinamismo de un puente internacional dedicado al comercio internacional, que le dan una mayor competitividad industrial y un reto urbano que hasta el momento no han detonado el desarrollo de la ciudad.

Para ello se requiere que la Agencia Nacional de Aduanas de México (Anam) entre de lleno a la competitividad internacional con el cien por ciento de sus instalaciones y personal operando para agilizar las operaciones aduaneras hacia Estados Unidos y Canadá, ya que actualmente es inoperante e ineficiente porque todas las operaciones aduaneras se realizan con mando desde la ciudad de México.

Pese a tener Nuevo Laredo la aduana más importante de América Latina con una estimación en recaudación anual cercana los 270 mil millones de pesos, y el puente internacional con mayor cantidad de cruce de mercancías, esta ciudad aún no experimenta ese tan ansiado ‘boom’ de desarrollo urbano, comercial e industrial que tienen otras ciudades fronterizas.

Si bien Nuevo Laredo cuenta con uno de los presupuestos más atractivos del país, 5 mil 800 millones de pesos por año, su verdadera riqueza es la que genera la aduana, cuyos ingresos van directamente al gobierno federal, desde donde se reparte de manera proporcional a las 32 entidades.

Además, Nuevo Laredo está catalogada a nivel nacional como una ciudad dedicada al transporte de carga y al comercio internacional, y no tanto al desarrollo industrial o urbano, por lo que su ‘riqueza’ se orienta más hacia la recaudación fiscal y los impuestos, razón por la que presenta un bajo nivel de desarrollo y de crecimiento ordenado, como existe en otras ciudades con menor presupuesto, pero mayor atractivo para las inversiones.

Y es que pese a tanta riqueza generada por el comercio internacional y pese al tan abultado presupuesto anual, la vocación de esta ciudad es netamente de paso y con poco atractivo para la inversión e instalación de polos industriales, como los es para Reynosa y Matamoros en Tamaulipas, lo que también limita las inversiones municipales en la creación de focos para el desarrollo, por lo que surgen cuestionamientos sociales sobre cómo y en qué se invierte tanto dinero de presupuesto municipal.

Tal vez sea necesario llevar a cabo una más estricta regulación territorial acompañada de una mejor planeación urbana, para no caer en lo que actualmente hacen Obras Públicas y Planeación municipal en cuanto a la autorización de fraccionamientos que impulsan la expansión y el crecimiento urbano desordenado.

Esta es la realidad  que se vive en nuevo Laredo, que rompe con mitos, ritos y leyendas urbanas creadas a través del imaginario popular. ¿No cree usted amigo lector?

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Hasta mañana

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editor

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