El legado de Agustin Arriaga

El legado de Agustin Arriaga

Tiempo de Opinar

Raúl Hernández

-El puente 1, el parque Viveros, la Unidad Deportiva…

-Encabezó la Junta de Mejoras Materiales a los 30 años

-Ha sido el único mexicano en encabezar la masonería mundial

 

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

22-agosto

 

El 18 de noviembre de 1955, a los 30 años de edad, Agustín Arriaga Rivera fue designado presidente del Consejo Directivo de la Junta Federal de Mejoras Materiales de Nuevo Laredo, cargo en el que permaneció hasta el 13 de enero de 1959.

Durante los tres años y fracción que estuvo al frente de la Junta, Arriaga Rivera ejecutó una gran cantidad de obras públicas, que 70 años después siguen siendo de utilidad.

En esa época, las juntas de mejoras materiales manejaban mayor presupuesto que los gobiernos municipales. Había, pues, una duplicidad de funciones.

En esos tres años, fecunda es la lista de obras que se ejecutaron en Nuevo Laredo, la más importante, el puente internacional número 1, que entró en operaciones el 11 de febrero de 1957 y sustituyó al viejo cruce que fue dinamitado luego de la inundación que sufrió la ciudad, el 29 de junio de 1954.

Durante la gestión de Arriaga Rivera también se instaló el monumento a Los Fundadores, en noviembre de 1958, así como la avenida Reforma, inaugurada en el primer semestre de 1957 y cuyo nombre se impuso en honor a Benito Juárez, impulsor de las leyes de reforma; el 18 de julio de 1956, se inauguró el monumento a Benito Juárez.

El 13 de septiembre de 1956 se inauguró el Parque Viveros, que incluyó la alberca Camécuaro; en octubre de 1957 se inauguró la Unidad Deportiva Benito Juárez  

Otra obra, fue el famoso penal de La Loma, en octubre de 1958, que sustituyó a la vieja cárcel, construida en 1927; también el Rastro Municipal, inaugurado en octubre de 1958; entre 1956 y 1958, se construyó la actual planta potabilizadora de agua, que sustituyó a la construida en 1924.

En 1958, por primera vez, se puso en funcionamiento la Feria y Exposición Agrícola, Ganadera, Comercial, Industrial y Cultural de Nuevo Laredo, que más tarde se bautizó como Expomex, en terrenos que Arriaga Rivera facilitó a un patronato de particulares que originalmente formaban parte del parque Viveros.

Otras obras fueron el Parque Morelos, las escuelas Antonio Moreno, Carmen Rendón Ulibarri, María de Jesús de la Rosa “La Coronela”, la Cosme Pérez, el cuartel militar Macario Zamora.

Toda la información anterior, se puede revisar en el libro que sobre Agustín Arriaga Rivera escribió el historiador Raymundo Ríos Mayo, que oficialmente presentó este día, en las instalaciones del Archivo Histórico Municipal.

Es un libro de 70 páginas, con muchas fotografías y cuya edición fue posible al patrocinio del gobierno municipal que encabeza la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal.

A los 36 años, Arriaga Rivera fue gobernador de Michoacán, 1962 a 1968.

Fue masón y es el único mexicano en dirigir las logias masónicas a nivel mundial, motivo por el cual en la presentación del libro estuvieron presentes más de una veintena de masones, entre ellos Ramiro Delgado Garza, que acaba de terminar su gestión como presidente de la Gran Logia Libres y Aceptados Maestros de Tamaulipas, así como Luis Castillo Treviño, que años atrás tuvo ese mismo cargo, la máxima distinción en la masonería.

El maestro Luis Castillo tuvo a su cargo la entrega de un reconocimiento póstumo para Agustín Arriaga Rivera, nacido en 1925 y fallecido el 2006, a los 80 años de edad, que recibió Agustín Arriaga Jr.

Castillo mencionó que imagen real de la masonería no tiene nada que ver con el imaginario popular que la identifica como una secta, que incluso adora a satanás, y explicó que por el contrario uno de los requisitos para pertenecer es creer en ser superior.

Los ateos no tienen cabida en la masonería.

Además, comentó que la masonería cuenta con organismos afines que se dedican a actividades filantrópicas, como el Club ABC en el que participan mujeres esposas de masones, como Mónica García Velázquez y la asociación Schriners, que ayuda a los niños que han sufrido quemaduras, que preside Gilberto Palmer.

El libro es un reconocimiento a un personaje foráneo que hizo muchas obras perdurables para Nuevo Laredo y que hablan de la visión a futuro que debe tener un gobernante.

Arriaga es uno de esos íconos de Nuevo Laredo que pasan desapercibidos para la mayoría de la ciudadanía y cuya historia vale la pena recuperar y difundirla.

editor

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