Tiempo de Opinar
Raúl Hernández
Belisario Domínguez
-Llamó asesino a Huerta y exigió su renuncia
-No era periodista; era médico
-Una leyenda dice que le cortaron la lengua. No es verdad
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
22-agosto
Belisario Domínguez pasó a la historia nacional como un mártir de la libertad de expresión y es un ícono del periodismo, pero en realidad no fue periodista, aunque es verdad que escribió algunos artículos en un periódico llamado El Vate, de Comitán, Chiapas.
El 7 de octubre de 1913, Belisario fue asesinado por esbirros del chacal, dipsómano y marihuano general Victoriano Huerta, que lo secuestraron y lo trasladaron al cementerio de Xoco, en Coyoacán, donde lo mataron a balazos.
Siendo senador por Chiapas cometió el error de que, dos semanas antes, en dos discursos que pretendió leer ante el Senado, del 23 y 29 de septiembre, llamó asesino a Huerta, lo culpó de los crímenes de Francisco I. Madero y Pino Suárez, ocurrido siete meses antes y recomendó su renuncia.
El martes 23, el senador entregó un discurso al presidente del Senado, Mauro S. Herrera, no lo dejaron leerlo y él optó por imprimirlo y repartirlo entre amigos y conocidos.
En ese discurso acusa a Huerta de hacerse del poder mediante la traición y asesinar cobardemente al presidente Francisco I. Madero y al vicepresidente, José María Pino Suárez.
Pide deponer a Huerta “por ser él contra quienes protestan con mucha razón todos nuestros hermanos alzados en armas y de consiguiente, por ser quien menos puede llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de los mexicanos”.
Advierte que Huerta es un soldado sanguinario y feroz que asesina sin vacilación y escrúpulos a todo aquel que le sirve de obstáculo, pero señala que la patria exige cumplir con ese deber, es decir, solicitarle su renuncia, “aun con la seguridad de perder la existencia”.
El 29, Domínguez preparó un segundo discurso que sí leyó, pero no se incluyó en el diario de los debates, es decir, oficialmente no existió. También lo imprimió y lo hizo circular.
En el segundo discurso, Domínguez insistió en que Huerta debía renunciar y dijo estar dispuesto a llevar un pliego en ese sentido al propio presidente.
“… concededme el honor de ir comisionado por esta augusta asamblea a pedir a don Victoriano Huerta que firme la renuncia a la Presidencia de la República, creo que el éxito es muy posible, he aquí mi plan: Me presentaré a don Victoriano con la solicitud firmada por todos los senadores, y además con un ejemplar de este discurso y otro que tuve la honra de presentar al señor presidente del Senado, en la sesión del 23 de septiembre.
Al leer estos documentos lo más probable es que llegado a la mitad de la lectura pierda la paciencia don Victoriano Huerta y sea acometido por un acto de ira y me mate…”
Nativo de Comitán, Chiapas, donde nació el 25 de abril de 1863, Belisario fue médico, operó una farmacia “La Fraternidad” en ese municipio y en 1909 fue electo presidente municipal.
En 1903, escribió y publicó volantes a los que denominó Chiapas, donde trató y criticó problemas locales. Al año siguiente publicó un pequeño periódico, El Vate, de cuatro páginas del que publicó cuatro números, entre febrero y septiembre, en el que abordó temas literarios y situaciones de Chiapas.
En 1912 lo invitaron a ser candidato a senador, pero no aceptó en principio y ante la insistencia, estuvo de acuerdo en ser suplente de su amigo Leopoldo Gout quien ganó la elección. Este falleció y el 3 de marzo de 1913, Belisario tomó protesta como senador propietario.
Desde el senado, Belisario se dedicó a criticar a Huerta. El 16 de septiembre, formó parte de la comisión de recepción encargada de darle la bienvenida, a su arribo a la sede del Congreso, para presentar su informe de gobierno y don Belisario se negó a estrechar la mano del general, que se apresuró a entrar al recinto, entre traspiés, y estuvo a punto de caer. Los dos discursos de septiembre decidieron su destino fatal.
La noche del 7 de octubre, el inspector de policía, Francisco Chávez, acompañado de José Hernández Ramírez “El Matarratas”, Gilberto Márquez, entre otros, ingresaron a la habitación 16, del Hotel Jardín, donde se hospedaba el senador, y se lo llevaron por la fuerza, al cementerio Xoco, en Coyoacán, donde lo mataron de dos balazos.
Desnudaron el cadáver, quemaron sus ropas y lo sepultaron clandestinamente.
El 8 de octubre empezó a circular la versión de la desaparición de Belisario y el senado decidió integrar una comisión que acudió con el secretario de Gobernación, Manuel Garza Aldape para intentar averiguar sobre su paradero, pero el funcionario les dijo no tener información del caso.
El 9, ya tarde, empezó a correr el rumor de que Domínguez había sido asesinado por el régimen. Huerta fue enterado de lo que se comentaba, reunió a su equipo compacto, entre ellos Garza Aldape y el general Aurelio Blanquet que opinaron que los felicistas aprovecharían la oportunidad para plantear la destitución de Victoriano.
Garza Aldape sugirió adelantarse, propuso disolver el Congreso y Huerta estuvo de acuerdo. Al día siguiente, policías y soldados se presentaron en la Cámara de Diputados, junto con el secretario de Relaciones Exteriores, Querido Moheno, quien anunció la disolución del Congreso y acto seguido se detuvo a 84 diputados y en las siguientes 24 horas, se arrestó a otros 26.
Además, Moheno anunció que habría elecciones extraordinarias para elegir a nuevos diputados y senadores, 230 y 95, respectivamente, el 26 de octubre.
A los nuevos legisladores se les eligió mediante una lista con personajes afines a Huerta.
El cadáver de don Belisario fue localizado y exhumado hasta el 13 de agosto de 1914, a raíz de la detención de sus dos asesinos y surgió la leyenda de que antes de matarlo le cortaron la lengua, la metieron en un frasco con formol y se la llevaron a Huerta, lo que no es verdad.
La leyenda le atribuye al doctor Aureliano Urrutia, compadre de Huerta y enemigo profesional del senador, ser el autor de haberle cercenado la lengua con un bisturí, pero meses después de ocurrido el homicidio, una comisión investigadora comprobó que el dato no era verdad. Don Belisario tenía intacta su lengua.
Ya se sabe que a los mexicanos les gustan los mitos y las leyendas, mentiras pues, que permiten adornar historias de personajes y pueblos.
De acuerdo con esta leyenda, luego de cortarle la lengua, el doctor Urrutia la metió en un frasco con formol y le colocó la leyenda: “Esta lengua, que llamó asesino al general Huerta, no volverá a pronunciar palabra alguna”.
Huerta renunció a la presidencia de la república el 15 de julio de 1914 y los constitucionalistas ocuparon la Ciudad de México y se comisionó al juez Alberto Aréchiga para que investigara el crimen de Belisario Domínguez.
Las pesquisas permitieron detener, en el mes de agosto a José Hernández El Matarratas y Gilberto Márquez, que terminaron confesando el crimen y señalaron como autor intelectual al Inspector de Policía, Francisco Chávez, quien a su vez le asignó la tarea al coronel Alberto Quiroz y al diputado Gabriel Huerta, que a la vez era jefe de la gendarmería de pie.
Meses después, el 15 de julio de 1915, la cárcel de Belén, donde estaban recluidos, se quemó parcialmente y un nutrido grupo de presos escapó, entre ellos los dos asesinos. El Matarratas fue apresado meses después, pero prefirió suicidarse.
Ocho años después del crimen, el gobierno del general Alvaro Obregón decidió reabrir el caso y mandó citar a personajes de la época, como Querido Moheno y Ramón Prida y fue cruzando datos.
El 25 de octubre de 1921 fue detenido en Oaxaca, Gilberto Márquez, agente de la policía reservada en 1913 y uno de los participantes en el asesinato de Domínguez, el que aseguró que el crimen fue ordenado por Victoriano Huerta.
Según su testimonio, él y José Hernández El Matarratas, también agente de la policía reservada y sicario al que se le atribuían más de 60 muertes, fueron citados el 7 de octubre de 1913, afuera del Hotel Jardín, donde se hospedaba Domínguez.
En el lugar los esperaban Pancho Chávez, inspector general de policía, el diputado Gabriel Huerta y el general Alberto Quiroz, yerno de Huerta y jefe del cuerpo de gendarmes, fue hasta ese momento que los dos policías fueron enterados de que se debía capturar al senador, que se hospedaba en la habitación 16.
Entraron, tocaron una puerta, un hombre abrió, preguntaron si era Belisario Domínguez, pero se abrió otra puerta, la 16 y el senador se identificó y fue detenido y envuelto en un sarape rojo.
Los secuestradores y su víctima abordaron dos vehículos y enfilaron hacía el Café Colón, donde solía cenar Huerta. Chávez y Quiroz bajaron y le informaron que tenían preso a Domínguez y aquel les ordenó llevarlo al cementerio de Coyoacán y matarlo. Chávez se quedó junto a Huerta y el resto se fue a cumplir la tarea ordenada.
En el panteón los esperaban un mayor Montes de Oca y el encargado de lugar, Alejandro Pérez. Todos se dirigieron a una fosa recién cavada. Ahí, Márquez le dio un balazo en la cabeza al senador y El Matarratas le disparó dos veces, uno en la cara y otro lo falló. Luego lo desnudaron y lo enterraron. En el pantalón, Domínguez traía 15 pesos que le fueron entregados al empleado del panteón, como pago por cavar la fosa, de 55 centímetros de profundidad.
El 28 de enero de 1953, a propuesta del presidente Adolfo Ruiz Cortines se expidió el decreto por el cual se instituyó la presea Belisario Domínguez, a personas mexicanas por sus acciones en beneficio de la nación.
El senado es el encargado de seleccionar a los galardonados y la medalla es entregada el 7 de octubre, aniversario luctuoso de la muerte del chiapaneco.

