Indigentes, hijos de las calles…, hijos de nadie (Reportaje)

Indigentes, hijos de las calles…, hijos de nadie (Reportaje)

–Deambulan sin rumbo por Nuevo Laredo–

Gastón Monge

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Perdidos entre calles, plazas públicas y comercios de esta ciudad, personas en situación de abandono deambulan a unos cuantos metros del puente internacional ‘Puerta de las Américas’, un cruce que une esta ciudad con el país más poderoso del mundo; caminan sin rumbo y sin esperanza de una vida mejor debido a la crisis que padece el sistema de salud gubernamental, a una deficiente seguridad social y a la desigual distribución de oportunidades en este país.

Dichas carencias minan su salud física y mental hasta que fallecen en hospitales, calles y banquetas que han convertido en hogar permanente, porque viven aislados, expuestos al abuso, a la violencia, a la discriminación, a las enfermedades y a las inclemencias del clima extremo que se vive en esta ciudad del norte de Tamaulipas.

Salvador Hernández Quiroz

Salvador Hernández Quiroz es uno de ellos, cuenta con 36 años de edad y es claro ejemplo del abandono institucional y de las evidentes fallas de un tejido social y familiar que lo expulsó y obligó a vivir en las calles.

Aunque su aspecto es deprimente, su plática se mezcla con episodios de coherencia y de una enfermedad mental nunca tratada médicamente, por lo que vive de lo que le den algunas personas, o de lo que encuentra entre la basura.

Durante la breve plática que este reportero tuvo con Salvador, dijo ser originario de la vecina ciudad de Laredo, Texas, pero luego mencionó haber nacido en una de las calles del centro de Nuevo Laredo, por donde vaga tal vez buscando el lugar de donde salió y al que no retorna por haber olvidado su ubicación, o tal vez por maltrato y abandono familiar.

“Soy de Laredo…, de Nuevo Laredo, del sector centro, en la calle Belden…”, comenta con claridad tras mencionar que tiene familia, la que se encuentra en su casa, y aunque trata de recordar su ubicación, el silencio corta la frase y calla.

La calle Belden está cerca de donde deambula Salvador, pero no recuerda dónde es, aunque dice que salió por voluntad propia, sin violencia.

“No me maltrataban, me salí solo, tengo familia pero no hijos. Tengo 36 años, pero no recuerdo nada más…”, fue todo lo que dijo sin antes solicitar al reportero dinero para comprar algo de alimento y continuar su errático camino por las calles del centro de esta ciudad, ya que se negó a ofrecer más detalles.

Así como  vive Salvador viven otros indigentes en igualdad de condiciones y con escasas oportunidades de mejorar su salud o de retornar a sus hogares.

Durante un breve recorrido por las principales calles del Centro Histórico de  la ciudad se detectó al menos a 8 indigentes, algunos lisiados y en silla de ruedas, mientras otros con evidente enfermedad mental se perdían por las calles luego de un errático caminar y la mirada perdida en un horizonte imaginario.

 

Prefieren las calles

 

De acuerdo al director de Protección Civil de esta ciudad, Humberto Fernández Diez de Pinos, en una sola calle del centro de la ciudad tiene detectados a 18 indigentes y enfermos mentales, y aunque dice que se les ha invitado a su traslado al albergue municipal, se niegan y prefieren quedarse ahí.

“Tenemos un albergue temporal en donde se les da apoyo a las personas que son vulnerables, pero muchas veces no quieren ingresar al refugio porque son alcohólicos y otros son enfermos mentales, y a la fuerza no los podemos llevar”, comenta el funcionario.

Menciona que en una sola esquina personal a su cargo detectó a 18 indigentes vagando, lo que consideró un problema grave, razón por la que tienen que redoblar esfuerzos para localizar a sus familiares y entregarlos para que se hagan cargo de su cuidado, pero casi nunca responden al llamado.

Pese a su condición de vulnerabilidad, estas personas cuentan con derechos que los protegen al igual que al resto de la sociedad, aunque dice que siempre tratan de convencerlos para que acudan al albergue, pero se niegan.

Comenta que como apoyo Protección Civil cuenta con  acuerdos y convenios con asociaciones civiles y religiosas que brindan ayuda a estas personas que tienen problemas de alcoholismo o de drogas.

Director de Protección Civil

“Nuestro trabajo a veces es intenso, casi sobrehumano porque tratamos de que bajen los índices de vulnerabilidad en la ciudad, pero lo que más nos preocupa son los enfermos mentales porque no tienen sensibilidad ni sensaciones, y porque están en mayor riesgo que el resto”, explica.

Director del hospital general

Consciente de sus limitaciones al tratar con estas personas, dice que requieren del apoyo de especialistas en psiquiatría, pero al no haber un sitio especializado para su tratamiento, algunos son enviados al Centro Integral de Atención Mental (Cisame), que ofrece atención ambulatoria, pero no terminan el tratamiento y regresan a las calles.

Otra alternativa de atención a estas personas es el Patronato pro Indigentes Psiquiátricos, un sitio que por falta de apoyos financieros, por lo general atiende de manera gratuita a personas de muy alta vulnerabilidad, pero la falta de recursos para cubrir el salario de médicos, enfermeras y medicamentos, la atención se ve limitada y corre el riesgo de cerrar sus puertas.

 

Una atención de 10 mil pesos diarios

 

El hospital general de esta ciudad, de acuerdo al director del nosocomio, Francisco Ochoa, recibe cada semana entre tres y cuatro indigentes y enfermos mentales, los que ocupan una cama durante días, semanas e incluso hasta varios meses, a un costo de aproximadamente 10 mil pesos por día, lo que representa el pago de médicos, enfermeras, medicamentos, rayos ‘X’, laboratorio, comedor  y el mantenimiento del área.

Este hospital cuenta con 70 camas, y cuando ingresa un indigente surgen los problemas porque son incontinentes y en ocasiones agresivos, lo que genera un costo de 10 mil pesos por cama básica al día, dinero que no se recupera porque afecta a un tercer paciente que necesita tención y una cama.

Bajo estas condiciones estas personas representan no solo un problema de salud pública, sino que ya son parte de una crisis humanitaria desatendida, porque refleja los diferentes grados de una desigualdad social y económica cada vez más latente en el país.

La falta de acceso a la salud, a la educación y al trabajo detona las rupturas familiares y fomenta las adicciones y la violencia, por lo que más que ser un problema social es ya un serio asunto de corte estructural humanitario, porque refleja las fallas en el tejido social y en la asistencia institucional.

“Es común tener aquí este tipo de pacientes, recibimos de tres a cuatro por semana, y son personas en estado muy crítico de salud, con un estado nutricional muy deficiente y con infecciones muy avanzadas y muy graves”, explica el médico.

Debido a ello algunos mueren en este hospital ya que llevan mucho tiempo en condiciones de abandono por ser una carga para sus familias, las que los abandonan en las calles.

Dice el médico que la mayoría de los indigentes y enfermos que llegan al hospital, son originarios de algunas ciudades de Estados Unidos, pero al no ser aceptados los envían a la calle porque no quieren hacerse cargo de su atención ni de los gastos.

“Cuando llegan al hospital sus familiares no se acercan ni los atienden, y son pacientes que ya no responden a un tratamiento y por eso se infectan con facilidad y su organismo se ve comprometido y se inhabilitan físicamente”, menciona.

Llegan al hospital con infecciones severas, úlceras en el cuerpo y grados muy altos de desnutrición, lo que deteriora su salud mental por una severa depresión que los orilla a no luchar para vivir.

“Algunos pacientes se nos han muerto porque llegan en muy malas condiciones y lo que hacemos es tratar de sacarlos adelante porque vienen muy dañados y hemos tenido casos de amputación de extremidades y de tuberculosis que no resisten por su avanzado estado de desnutrición”, explica el médico.

Este año ya fallecieron en este hospital tres indigentes y enfermos mentales, pero otros tres se encuentran graves y en abandono, pero por ser menores de 70 años, el sistema DIF no los recibe ni atiende, aunque tampoco quieren regresar con sus familias.

 

Casos de abandono

 

Aurelio Granados Romero tiene 53 años, pero está en el hospital debido a un infarto cerebral, fue llevado en enero de este año por su patrón que tiene un negocio en Doctor Mier y 20 de noviembre, pero solo lo abandonó y ya no regresó. Su familia que se encuentra en Houston, Texas, también lo abandonó.

Francisco Delgado
Aurelio Granados

Otro indigente que se encontraba en este hospital es Miguel Contreras Durán de 71 años, le amputaron una pierna y falleció el fin de semana. Por su edad contaba con la pensión del Bienestar, pero una mujer que lo cuidaba se quedaba con el dinero de la pensión y lo abandonó.

Francisco Delgado es otro indigente que continuamente ingresaba a este hospital, pero ya no se mueve, “y aquí están abandonados porque nadie los ayuda, y aquí los ayudamos y los cuidamos, pero queremos que alguien tenga piedad de ellos, algún conocido o familiar, pero nadie viene a verlos”, explica una trabajadora social de este hospital.

La indigencia en esta ciudad ya es parte de una evidente crisis humanitaria que existe en el país, y aunque no hay cifras confiables de cuántos existen, al menos el 87 por ciento son hombres y el restante 13 por ciento mujeres, de acuerdo  datos del Inegi, organismo que revela que por lo general en su mayoría son enfermos mentales.

Ante la ausencia de políticas públicas y de programas específicos para su atención, la mayoría vive y muere en las calles sin saber que tiene los mismos derechos de recibir asistencia social y  atención médica que una persona sana, pero al vivir en las calles su esperanza de vida se reduce y mueren.

 

 

 

editor

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